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REPORTAJES

Al calor de la fragua

Al calor de la fragua
Berto Leis, uno de los últimos herreros que quedan en España, durante el Encuentro Nacional de Herreros Olmos de Atapuerca // Ical
Actualizado 24/10/2015 16:46:23
Redacción

Decenas de herreros de toda España se dan cita en Olmos de Atapuerca (Burgos) en el primer encuentro nacional de uno de los oficios más antiguos

Al son del martillo y al calor de la fragua. Así pasan una treinta de herreros y aficionados a uno de los oficios más antiguos, el fin de semana en la localidad burgalesa de Olmos de Atapuerca. La instalación de una decena de fraguas en la cancha polideportiva de esta pequeña localidad no es casual, su ubicación responde al I Encuentro Nacional de Herreros de Castilla y León. Una cita única para conocer un oficio que, por desgracia, está en peligro de extinción.

Berto Leis, de 63 años, llegó ayer por la tarde a Burgos desde su Santiago de Compostela natal. "Aquí puede que no le conozcan pero en Galicia es una eminencia", indicó uno de los organizadores del certamen. Basta mirar las manos del gallego para reconocer la dureza de un oficio que conoció desde niño de la mano de uno de los mejores maestros herreros de todos los tiempos, el gran Pablo Leis.

Podría decirse que Berto es uno de los pocos que quedan en el oficio y quizás uno de los últimos maestros orfebres en un país en el que cada vez es más complicado encontrar una fragua o un taller como los de antaño. Así lo lamenta Berto mientras nos muestra la destreza de un oficio que aprendió cuando ni siquiera sabía multiplicar. "Se puede decir que comencé con mi padre en el taller a los quince años pero siempre que salía de la escuela había algo que hacer junto a la fragua", confiesa este artesano, cuyo taller se encuentra ubicado a escasos diez minutos de la catedral de Santiago.

Del oficio reconoce que "se va aprendiendo con el tiempo" porque "para saber algo del hierro hacen falta años y más años". Así, explicó en declaraciones a Ical que lo más complicado es conseguir un dominio íntegro del martillo porque "si el martillo es el que doblega al herrero mal puede ir la cosa".

Martillo y golpe

Si de algo sabe Berto es de martillos. "Ahora los chavales cortan con la radial. Mira cómo se hacía cuando no había nada de eso", expone al tiempo que corta en apenas tres martillazos una pieza de hierro de pequeñas dimensiones. "Ni un minuto tardamos nosotros", añade orgulloso al tiempo que diseña un clavo al más puro estilo de los herreros de Medievo. "Mira y compara. Ésto no hay quien lo saque de una pared".

El tintineo del martillo al contacto con el hierro se repite segundo sí segundo también en la pista de Olmos. También en la fragua de Berto en la que enseña a unos jóvenes de la localidad palentina de Cervera de Pisuerga las artes de un oficio que "ya casi nadie quiere y pocos saben hacer de verdad". "Ahora los chicos se piensan que con unas clases se puede aprender el oficio y es un error. Mirad cómo algunos se colocan de lado para darle al martillo, y eso es lo que nunca debe hacerse en esta labor", lamenta.

"Es el que más sabe y del que más podemos aprender", explica uno de los chicos de Cervera que han decidido sumarse al encuentro para apreder un poco más del oficio con el que convivieron sus abuelos. Es el caso de Roberto Candanedo que ha llegado hasta Olmos con un vecino del pueblo que tiene un taller para poder aprender un poco más de la mano de "los que realmente saben".

De la oficina a la fragua

No es el único. Elena y Javier, informáticos de profesión y residentes en Madrid, también se han desplazado hasta la multitudinaria fragua burgalesa para poner en práctica lo que para ellos es un hobby. "Pasamos toda la semana en una oficina delante de un ordenador y el oficio de herrero nos desestresa y nos saca de la rutina", confesó. Ella y su pareja comenzaron en el mundo de la forja hace apenas un año de la mano de un maestro de la sierra madrileña y consideran que este trabajo es "uno de los más bonitos que te puedes encontrar".

Berto mira con curiosidad el trabajo de Elena y sonríe con la esperanza de que el oficio no se pierda. "No se si se perderá pero no será lo mismo seguro", confiesa nostálgico. También sus hijas lo aprendieron, aunque en la rama de la joyería, en la que solo una de ellas se encuentra en activo. "La otra está en un bar con su pareja", destaca este gallego, que tuvo que pluriemplearse hace más de 30 años en la recepción de un psiquiátrico de la capital de Santiago porque con las cuentas del taller no llegaban a fin de mes.

El fuego, la materia prima y un martillo bastan para hacer en pocos segundos una cerradura, clavos, tiradores y auténticas obras de arte que ya solo los clientes con más dinero están dispuestos a pagar. Atrás quedaron los siglos en los que cada pueblo contaba con un maestro herrero para herrar a las mulas y caballos con los que se hacía la faena en el campo, y la fragua que hacía las veces de taberna o punto de encuentro.

Para recordar estos tiempos basta con acudir a Olmos de Atapuerca este fin de semana. Aquellos que se acerquen podrán ser testigos, entre otros, de la creación un trono forjado en hierro para recordar el pasado real de la villa de Olmos de Atapuerca.

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Berto Leis, uno de los últimos herreros que quedan en España, durante el Encuentro Nacional de Herreros Olmos de Atapuerca //Ical
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I Encuentro Nacional de Herreros Olmos de Atapuerca // Ical
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