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OPINIóN

75 Años de la fantasía de Disney

STOKOWSKI
Actualizado 25/12/2015 00:31:54
Redacción

Ernesto Monsalve

En 1928, en Estados Unidos, un dibujante de origen humilde desairado por la pérdida de los derechos sobre ´Oswal` (el dibujo de un conejito negro de largas orejas), diseñaba para resarcirse un nuevo personaje al que llamó Mickey y definió como ´ratón`. Aquel trabajo fue el resultado del acúmulo de toda la frustración de un joven ambicioso, tras ser despedido por Carl Laemmle, un judío de origen alemán propenso a robar, en beneficio propio, las ideas de los explotados empleados de su estudio...

En el mismo año, y al otro lado del Atlántico, otro paupérrimo pintor frustrado en análogas circunstancias, dedicaba su ira no al dibujo, sino a la proyección de su odio en ´Mein Kampf` y a la política, siendo las del 28 en Alemania las primeras elecciones a las que concurrió. Y al igual que le ocurriera a Mickey Mouse, la popularidad de aquel fanático fue tibia al principio pero enseguida creció del 2'6% de votos en sus primeros comicios como cabeza del Partido Nazi, a 92'11% en 1933. Casi al mismo tiempo, el Ratón estadounidense se convertía en símbolo de una nueva empresa de animación y en la fortuna de su creador, que consiguió imponerse a su competencia y arruinar a aquel hebreo al que se la tenía jurada.

Es indudable que los hombres detrás de tan exponencial auge personal alcanzaron grabar a fuego su nombre en el muro de la historia, hasta el punto de que no haya hecho falta citarles para que se comprenda inmediatamente que hablamos de Walt Disney y Adolf Hitler.

"Es sabido que Disney y Hitler se admiraban mutuamente"

Es sabido que ambos se admiraban mutuamente, quizá secretamente, y que la Música Clásica fue la banda sonora perpetua de sus vidas. Tanto fue así que hay voces que afirman que, cuando Disney propuso a su equipo la idea de ´La Película Concierto`, lo hacía inspirado por la acción política que en el III Reich se seguía a este respecto. Pero lo que no ha trascendido en igual medida es que la inolvidable ´Fantasía`, estrenada hace 75 años, fue en sí misma reflejo de unos ideales que convirtieron a uno en Führer y a otro en multimillonario. Como terrorífica contrapartida, cincuenta millones de personas desaparecieron de la faz de la tierra por aquellos delirios.

En ´Fantasía` se suman, sin embargo, las mejores virtudes del cine. La idea de aderezar partituras clásicas con dibujos animados e historias entretenidas, es en sí misma loable. Tanto, que ´Fantasía` es probablemente uno de los mayores iconos de la factoría Disney. Por el contrario, algunos recursos en los que se sustentan música y animación, son el ´pero` que hasta la propia titular del film reconoció en su día, aplicando la adecuada 'tijera' a los fotogramas más inoportunos. Aún así, muchos símbolos perviven al paso del tiempo.

La película comienza con Leopold Stokowski subiendo a un pódium especial. Un estrado escalonado, iluminado, a contraluz. Casi el púlpito de un predicador. La cima del monte Olimpo... ¿La tribuna de Núremberg? Con parsimonia grandilocuente, el maestro aplica su técnica directoral a una obediente Orquesta de Filadelfia que interpreta, entre fogonazos de luz, la partitura propuesta. El tutti orquestal concluye en un acorde de séptima que se funde con un todopoderoso sol que parece amanecer a la orden de un Stokowski alzando grandioso sus manos y bajo el que se sitúan sus músicos, esperando un nuevo movimiento para destensar el calderón que, Juan Sebastián Bach, usó en su ´Tocata y Fuga en Re menor` para separar la regia introducción de la agitada melodía posterior. Siguen los temas y los colores se suceden. En los últimos segundos de la pieza, la cámara nos devuelve al director que, elevando extendida su mano derecha y sin batuta, dirige ráfagas de fuego a un cielo del que cae el rayo de luz que lo ilumina. La música calla y cesa el color, cesa la luz y se apaga al maestro.

"Fantásticos centauros rubios servidos siempre por torpes esclavos de raza negra"

¿Coincidencia? Me lo cuestiono mientras visiono algunos viejos documentales de los congresos del Nacionalsocialistas, y no puedo evitar la comparación. Podríamos responder que la estética diseñada por Albert Speer fascinó inocentemente a los animadores de California, pero que se escogiera como obertura del film al mismo Bach que, junto a Beethoven y Wagner, constituyó el triunvirato del orgullo nacional alemán de aquellos días, nos plantearía otras muchas preguntas. Sería pura anécdota si ´La Pastoral` de Beethoven, que se interpreta posteriormente, no hubiera sido cargada de referencias mitológicas tan cercanas a la ´doctrina aria`, que se hace imposible ignorarlas: fantásticos centauros rubios y esbeltos son los protagonistas de una escena campestre, servidos siempre por torpes esclavos de raza negra (mitad cebra o mitad burro), a los que tratan con desdén. Disney-Inc. hubo de esperar a la muerte de su creador, en 1966, para censurar todas aquellas escenas que hoy no aparecen en los DVDs.

Completan el programa de ´Fantasía` los rusos históricamente más renegados con su patria Tchaikovsky y Mussorgski -y el anticomunista exiliado Stravinski-, el icono del fascismo musical Amilcare Ponchielli, y ese corto de título ´El aprendiz de brujo` inspirado en el poema del escritor alemán de culto: Goethe. Dos curiosidades (en realidad autocensuras) nos plantean nuevas dudas: por un lado, el extraño corte del metraje final de ´Claro de Luna` de Debussy -autor 'degenerado' para el régimen Nazi-; y el colofón de la película, materializado en una procesión de antorchas entre árboles y puentes góticos a la manera bávara, que se dirige a una divinidad incierta, cuya música hubiera debido ser el ´Parsifal` de Wagner y que, a última hora, se transformó en el ´Ave María` de Schubert. Esto último, quizás, para contentar a una Iglesia ofendida por la asunción que hace este largometraje de la Teoría de la Evolución.

Pienso que contemporizar con tu época no tiene nada de malo, si el resultado es una obra maestra. Querer ocultarlo, sin embargo, es una contradicción a tu propia historia. Historia que, por otro lado, nos presenta a un Disney absolutamente entregado a la causa de la Libertad y la Democracia, cuando comprobó lo que significaba la tiranía de Hitler; y se alegró, no hay duda, el día en que el dictador se suicidó en el mismo búnker en el que los Aliados encontraron una copia de ´Fantasía`, en 1945. En todo caso, la absolución al genio de la animación se la otorgan los cientos de niños y niñas que, por décadas, han aprendido y disfrutado de un ocio tan sano como sólo las películas de Disney nos ha sabido proporcionar. Con eso me quedo.

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