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OPINIóN

El villancico: un ´spot` con tres siglos

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Actualizado 05/01/2016 12:26:31
Redacción

¿Habrá existido en la historia un método de marketing más eficaz?

Por Ernesto Monsalve, presidente de la Asociación Española de Jóvenes Orquestas

Basta recorrer las calles en estos días para percatarse, instantáneamente, del periodo del año que atravesamos. Aunque las luces no brillaran con tono festivo o los belenes no presidieran los escaparates de las concurridas avenidas, hay algo que nos lo recordaría: los villancicos. Machacones, solemnes o grabados por un coro de voces blancas algo 'aflautado' y acompañado de zambombas y panderetas... Son la incuestionable banda sonora de las tiendas y centros comerciales, de las taquillas de cines y teatros y, aunque en menor medida, de una buena parte de los hogares que aún preservan la tradición. La botella de anís, el mortero o la copa de champán son los improvisados instrumentos que sostienen melodías ?mitad entonadas, mitad graznadas (según haya corrido previamente el vino)? que pertenecen a nuestra cultura y, por tanto, al folklore.

Y aún cuando algunas muestras de nuestra tradición han sido declaradas bien de interés, sin contar muchas veces con el consenso social suficiente, sorprende que a ningún gobernante o funcionario se le haya ocurrido aún dotar de algún calificativo especial los Nadales (catalanes y gallegos), los Ator-Ator (vascos), las Coplas de lo Divino (canarias) o, más extensamente para todos, los Villancicos.

Un villancico, a fin y al cabo, es el punto de partida de la gente llana para cantar y expresar un sentimiento. Proveniente de la palabra <<villano>> (hombre de villa o pueblo) estaba asociado a cualquier momento del año. Servían para entonar cánticos jocosos adaptables a cualquier celebración, a la vez que difundían con velocidad un mensaje pretendido. El paso del tiempo se encargó de ´apagar` los temas más obsoletos, legándonos fundamentalmente aquellos de tema navideño, por su supervivencia inalterable al paso de los siglos. Por ello, es común que hoy creamos que lo uno se vincula inexorablemente a lo otro.

Y su origen humilde se delata cuando los analizamos en profundidad. En los villancicos se recurre con frecuencia a sucesos imposibles o anacrónicos... Por ello, «beben los peces en el río»; la Virgen usa «peine de plata», aún cuando se vio abocada a dar a luz en un pesebre; coexisten «estrellas, sol y luna» sobre el Portal de Belén; o una burra va «cargada de chocolate», mil quinientos años antes de que el cacao llegara de América. Y es que los recursos literarios, las metáforas y, sobre todo, la reiteración de palabras, fonemas y sílabas, son inherentes al tema popular navideño. Así, con los célebres «rin, rin» y «fun, fun», los «pampanitos verdes» y el «campana sobre campana», nuestro léxico se ha visto enriquecido con términos carentes de significado por sí mismos pero que, en la mente de todos, crean una imagen inherente a la Navidad.

Sé que hay quien los detesta. Pero si uno se para a pensar y a considerar el fin perseguido, me pregunto si habrá existido en la historia un método de marketing más eficaz?

Pueden tomar buena nota los Publicistas. Chis, pun.

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