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OPINIóN

Zarambombón

Jackobu_1
Actualizado 05/01/2016 14:42:31
Redacción

Dios te salve, por Jackobu

A su casera y dueña ´la` llaman ´La bella desconocida`, bueno, queremos decir, ´la` llamaban (aclaramos ya de entrada que como palentinos tenemos autorizado el laísmo por gracia y bula, aunque no por parte del Rey, si de la Rae), pues ya va siendo, y cada vez con mayor arraigo, ´La Bella reconocida`, de manera que no podía ella ser más y consintió ceder el protagonismo pese a su mayor tamaño y/o grandeza.

Nuestra protagonista de hoy no es otra que Zarambombón, grande, humilde y altiva, como la torre y la catedral que la albergan y como la capital y la provincia que alojan a ambas, que nada menos que en su himno quedaron ´a cuñadas` tales circunstancias.

Grande, casi como su propio y contundente nombre viene a indicar, con 1.582 kilos en canal y una altura de 1,40 metros, 1,61 de diámetro y algo más de cinco de circunferencia en su parte más ancha; humilde por haber cedido elegantemente la fama a sus colegas ´las Cimbalillo` (que Cimbalillo no es una, como Ramón y Cajal y como pensamos la mayoría de los palentinos, sino que son dos, ambas en la espadaña de la torre aunque dando -y nunca mejor dicho- una hacia el frente y otra hacia el este), y altiva, además de alta, en su acepción de erguida y elevada, como corresponde a la torre donde se ubica y no en alusión a supuesta condición de soberbia o altanería.

Hablamos de la más grande de una catedral, la de Palencia, que alberga un espléndido conjunto de once campanas situadas en su mayor parte en el cuerpo alto de la torre, que llevan, todas o casi, nombre de santo o misterio y algunas entrañables nombres populares como ´la del viatico`, ´la barbara` o ´La sardinera`, amén de las ya aludidas.

Fabricada artesanalmente en bronce por Juan Diaz, el mismo artesano que cortó y fundió las dos Cimbalillos y la del viático,Zarambombón llegó a Palencia en 1524, en tiempos de Carlos V, Emperador del Sacro Imperio por la compra de voluntades a los príncipes electores germanos, que no primos, (800.000 florines de vellón de aquella) y Rey de Castilla por la gracia de Dios y por herencia de sus abuelos, las Católicas Majestades, merced a una ´corrida y sin señas` de cetro y corona por parte de madre Doña Juana, la no suficientemente aclarado si tan loca, y a una pócima inoportuna por parte de padre, Don Felipe, hermoso él, dicho sea el totum revolutum así de soslayo sin hacer mucho ruido para no molestar a las hinchadas carlista, fernandista e isabelista, entre los que, aunque pueda parecer lo contrario, nos encontramos los que no fuimos comuneros y/u obtuvimos el perdón general.

Escrito está, labrado en su hombro bronceado, y no por el sol, de manos de su ´facedor` Juan Diez, en tiempos de Carlos V, el ya citado rey emperador que pasó varios y prolongados periodos en nuestra provincia que ya comentaremos en otra ocasión, del Papa Clemente VII, al que le entraron ´a saco`, sobre cuya figura correremos también un tupido velo, para no topar con la iglesia, amigo Sancho, y estando el obispado de Palencia en sede vacante (como ahora casualmente y quiera Dios que por poco tiempo) a caballo entre el magisterio de los Obispos: Don Pedro Ruiz de la Mota, fallecido el 20 de Septiembre de 1522, y mediados de 1524 cuando fue nombrado Don Antonio de Rojas Manrique Obispo de la capital de la diócesis que por entonces, y que nos perdonen nuestros hermanos pucelanos, era Palencia pese a que el príncipe Felipe, el primogénito del emperador, naciera en Valladolid.

Zarambombon, pese a ser una gran desconocida, forma parte de la historia de nuestra ciudad y resuena en los oídos de sus gentes recordando las horas del reloj y en los toques de difuntos, y en los recuerdos de las canciones populares, como los del cancionero de Don Antonio Guzmán Ricis, el maestro radicado en Palencia, autor del himno a Palencia y de otras piezas populares como la del cura de Perales y la de los gigantones.

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