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OPINIóN

Mozart y Salieri juntos por una mujer

Nancy_Storace_Portrait_By_Pietro_Bettelini_2
Actualizado 02/02/2016 10:41:32
Redacción

Artículo de opinión de Ernesto Monsalve, presidente de la Asociación Cultural Antonio Salien

Hace pocos días, saltaba en todos los blogs y en los corrillos musicales del mundo entero, el inesperado hallazgo en Praga de una antigua copia de la canción Quell'aguelletto candido?

Se trata de una pieza que, en sí misma, no dice nada y cuyo valor sólo se lo da el insólito hecho de que sea el máximo exponente de la buena relación ?frente a lo que diga la rumorología? que realmente existió entre el austriaco Wolfgang Amadeus Mozart y el italiano Antonio Salieri.

Salieri y Mozart fueron colegas de profesión y, esa profesionalidad, les forzó una rivalidad sustentada en la mutua voluntad de ocupar el espacio escénico de su tiempo. Mozart fue un genio de la Humanidad sin parangón, y Salieri un trabajador empedernido al que la Historia debe la educación que recibieron Schubert, Beethoven, Liszt o Meyerbeer. Y ambos se admiraron. Hasta ahora parecía casi una leyenda que hubieran trabajado juntos, más allá de que algunas crónicas periodísticas del siglo XVIII así lo manifestaran. Y la motivación se desconocía.

Pero la confirmación definitiva nos ha llegado más de doscientos años después, de la mano del musicólogo Timo Jouko Herrmann, que por una casualidad del destino encontró hace pocos días un legajo de la vieja partitura. En ella resaltan 34 compases en un andante firmados por tres nombres? Uno, de apodo 'Cornetti'; otro, de Mozart; y, el tercero, de Salieri. Dos grandes rivales, y un tercero anónimo para los catálogos, que dedicaron una canción a la cantante (y probablemente amante compartida) de nombre Nancy Storace.

La causa aparente de la dedicatoria fue que la célebre soprano, a la que Salieri ofreció el papel de su ópera de tema amoroso La Grotta di Trofonio, había sufrido un enfriamiento que estropeó su voz impidiendo el estreno a tiempo. Treintaiséis días después, gracias al buen hacer de los físicos, y, casi con total seguridad, de los 'mimos' de los compositores rivales, la cantante recuperó su voz. Así las cosas, dice el subtítulo de este lied archivado como K. 477a: "Para la recuperada salud de Ofelia" (nombre del personaje que hubo de encarnar en la citada pieza salieriana).

Si la Humanidad no lo hubiera visto tantas veces, nos llamaría la atención cómo dos hombres de tal altura acertaron a unir sus talentos ?tantas veces enfrentados? por una mujer. En definitiva, y aunque Constanza Mozart y Teresa Salieri puedan quedar mal paradas por este relato, lo cierto es que aquella pieza fue toda una declaración de amor (digamos "amistad próxima") que juntó durante unos días a dos nombres para la historia alrededor de una dama que, finalmente, pudo lucirse el 12 de octubre de 1785 en el Burgtheater de Viena como la flamante Ofelia? Según aquel guión: una chiquilla tímida enamorada de dos amigos. Casi un clon, por cierto, de la Dorabella del Cossì fan tutte mozartiano.

En unos días, los acordes de la redescubierta melodía volverán a sonar en Salzburgo, gracias al Mozarteum. ¡Un gran regalo, y muy adecuado, para el Día de los Enamorados!

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