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OPINIóN

La Piqueta en el Salón de Isabel (segunda)

Demoliciyn_del_Arco_del_Mercado
Actualizado 04/03/2016 13:06:50
Redacción

Dios te salve, por Jackopu

Paseando por ´El Salón`, apodado así, apocopado, y perdón por el trabalenguas, pues nadie hace uso de la apelación a Doña Isabel II, la reina, y menos al tipo de vía pública, salvo, como contrasentido, durante el paréntesis en el que dejó de ser oficialmente paseo para convertirse en avenida in memoriam de aquel Primo de Rivera, en dirección ascendente, o sea hacia el Carrión, el río, no el periódico, dando vueltas al magín tras pasar por la tapia del edificio del antiguo Moravia, que había sido ya víctima de ´la piqueta`, rebasado ya The Lemon Society del amigo Javi Sansegundo, récord Guinness como establecimiento con más ginebras del mundo mundial, superando lo presente lo cortés y lo valiente e incluso el colegio de estilo neomudéjar construido en 1887 por el arquitecto municipal D. Juan Agapito y Revilla como escuela del Barrio de La Puebla que hoy honra la memoria de D. Modesto Lafuente, escritor satírico, periodista e historiador palentino de Rabanal de los Caballeros, también conocido en el mundo de las letras como Fray Gerundio y Pelegrín Tirabeque, dando nombre al CEIP que hoy dirige nuestra amiga Resu, para quien se inventó en voleibol, por entonces casi aún balonvolea, la figura del jugador ´universal`, me vinieron a la memoria mayores crímenes urbanísticos por allí perpetrados.

El arco del mercado

Al final del Paseo, coincidiendo con la fachada sur de la ciudad, amurallada en tiempos, a la que se accedía por la llamada puerta del Mercado, se ubicaba desde 1784 un arco del triunfo en honor a Carlos III -el de la puerta de Alcalá, mírala mírala- que, aunque más modesto, fue obra de un arquitecto palentino y ya por ello merecía haber resultado supérstite a la barbarie de los impíos picapedreros y colaboradores necesarios o viceversa, que con nocturnidad y alevosía se lo cepillaron en tiempo récord.

¡Dios no te salvó aquel día, Palencia querida!, de los verdugos mandaos y de los caciques y adláteres, que dejaron el monumento en las manos y picos de aquellos, mutando a nefasti, aquel día fasti, "pridie nonas martias", hexagesimoquinto de un 1909 al que le restaban 300 días, tristes ya tras aquel réquiem.

Y no fue menor el registro por las inclemencias meteorológicas, que hasta se rasgó el cielo como si fuera Viernes Santo desatándose un temporal de viento (el jodido céfiro del airoso marzo) que hizo suspender los trabajos de demolición el viernes, dejándolos para el lunes, día que ¡oh casualidad! comenzaba el juicio por el asesinato del ermitaño del Cristo, que suscitaba más interés para los paisanos.

El caso es unos por acción y otros por omisión, se pasaron por el arco de triunfo de la entrepierna del señor Ortega Romo el arco del triunfo de la puerta del mercado, con el consentimiento del insigne alcalde y la certificación del Secretario del Consistorio Don Nazario, el Secretario Vazquez de la travesía que conecta la Mayor con la Mayor, calle y plaza respectivamente, a través de la Martínez de Azcoitia (mencionado alcalde) a la altura del Villandrando de Don Jerónimo Arroyo (arquitecto municipal también entonces) a quienes el asunto les pilló mirando, pal norte, en dirección a la puerta de Monzón. ¡Lástima!... si hubieran mirado a su espalda... lo habrían advertido, sin duda.

Cuentan los cronistas que vivía el Señor Ortega, Don Arturo, "Romo" por parte de madre, en la casa del arista también "roma" en cuyo bajo se ubicará años mas tarde el "Café Económico El Congreso", luego el Bar Pino, y sucesivamente (lo mismo nos dejamos alguna actividad, que son más de cien años y solo la mitad estábamos presentes) Caja Palencia, después Caja España y hoy ocupado por Castela, tienda para profesionales de la peluquería y la estética, en el número 107 de la Calle Mayor Principal, paralela a la calle Mayor antigua cuyo propio nombre todo lo indica, esquina, roma como se ha dicho, con el número primo del Paseo del Salón que nos ocupa.

Y como quiera que le estorbara al buen hombre el armatóstico arco monumental, que le tapaba las vistas desde la magnífica galería acristalada que aún se conserva, y con la excusa de era un obstáculo para el tráfico? de carros, obviamente, que en 1909 ni había llegado la FASA ni Volkswagen había adulterado aún el software para camuflar las emisiones ilegales de NOx y pocos eran los vehículos motorizados que por allí se perdían (los camiones de más de 4 toneladas no pasaban por debajo del arco, eso sí hay que reconocerlo). El caso es que en menos de 24 horas se solucionó toda la burocracia que exigía un acto de tamaña envergadura (y ello sin Seur 10, ni el e-mail, ni el whatsapp ni tan siquiera el fax para agilizar los trámites) y al día siguiente ya se había plantado, encima del arco, el piquete del acoso y sobre todo del derribo.

Si es cierto, la verdad, y para no cargar en exceso contra el preboste y presunto cacique (mi señor padre que no había nacido aún entonces, aunque por poco, le hubiera llamado ´cacicón`, que era un vocablo muy suyo) que las piedras más gordas del interfecto arco ya no símbolo del triunfo, obviamente, se usaron como sillares para asentar los estribos del puente ´de hierro`, que se construía en aquellas fechas, con lo que el ayuntamiento se ahorró unas pesetas, de vellón.

Y es que, no se puede negar que haber dejado para la historia que el motivo del derribo del Arco del Mercado fuera "que estorbaba para el tráfico", es ?, es? esperpéntico.

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