Ávila Noticias Noticias de Burgos El Espejo de León Carrión Aquí en Salamanca Noticias Segovia SoriaNoticias Pisuerga Noticias El día de Zamora
El Periodico de Castila y León - Diario digital de Castilla y León
Hermandad de Penitencia: Una procesión perfecta

Hermandad de Penitencia: Una procesión perfecta

ZAMORA
Actualizado 24/03/2016 13:03

La procesión de las "capas pardas" deslumbró a quién no la conocía y emocionó a los zamoranos de siempre

La Hermandad de Penitencia, como la del Yacente, nacieron perfectas. Ambas apenas han transformado conceptos estéticos. La de las capas pardas, como se la conoce vulgarmente, la diseñó, como la Penitente Hermandad, Dionisio Alba Marcos, un genio absoluto del diseño de procesiones, y la dibujo Martínez Molinero. Alba ha sido el Mozart de la Semana Santa moderna, la que en verdad dio fama a nuestra Pasión. A finales de los 50, después del portento del Cristo Yacente, provocó una revolución absoluta con la Hermandad de Penitencia.

Capas de pastores de Alba, que no de Aliste, como supimos ha poco tiempo, para cubrir a los hermanos, 72 en un principio, mismo número que los discípulos del Nazareno, distribuidos en forma de cruz, y un Cristo con una fisonomía cual si fuera un agricultor zamorano, enjuto, seco, duro, y, a sus pies, en el Gólgota de cuatro metros cuadrados, unos espinos y una calavera.

Un paso tétrico, que va más allá de la calidad artística, para transmitir al espectador que hay muertes que asustarían al propio Dios si existiese. Procesión, pues, insólita, inefable, singular, que, además, tomaba un itinerario nunca transitado, porque Olivares nunca fue barrio para la Pasión, y que se estrenó a finales de los 50, en una Zamora timorata, apocada y pusilánime. La Hermandad de Penitencia conmocionó a la Semana Santa más conservadora, por una estética revolucionaria: matracas, melodías, capas.

El desfile de las capas pardas no te convierte al cristianismo, más bien que te inyecta una sobredosis de tristeza, pena, melancolía en las venas del alma. En la madrugada del Jueves Santo, se logra el paroxismo de una religión que cree en el pecado y contempla la vida como un valle de lágrimas. La belleza del dolor.

Esta web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio. Al navegar o utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de ellas. Puedes cambiar la configuración de 'cookies' en cualquier momento.

AceptoMás información