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Jueves Santo: Zamora vive su mañana más femenina

Jueves Santo: Zamora vive su mañana más femenina

ZAMORA
Actualizado 24/03/2016 13:00

La cofradía de la Esperanza, mujeres y hombres, coronan de belleza el casco histórico de la ciudad después de atravesar el río duradero

Mañana agradable, soleada, pero algo fresca en sus primeras horas, para celebrar la procesión de la Virgen de la Esperanza, que salió del convento de Cabañales a primera hora del día. Miles de mujeres, ataviadas con peineta y mantilla, que tenían en común su belleza.

Siempre espera quién carece de casi todo lo que alimenta el ego del Hombre, lo que le ayuda a vivir: amor, amistad, dinero. En Zamora, hay mucha gente que espera, que aguarda como aquel que sabe que la victoria es suya, o quizá confía en un milagro de la primavera o de cualquier entidad celeste, hecho que escapa a la razón, más propio de la superstición cuando se apodera del fenómenos religioso.

En una tierra olvidada, la esperanza forma parte de esa familia de conceptos abstractos e intangibles creados por el ser humano. En Zamora, ciudad de reconocida y admirada Semana Santa, en los años 50, el periodo más duro de la emigración desde el agro a las urbes, españolas o europeas, años de desarraigo, se creó una cofradía bautizada como la de la Virgen la Esperanza, que presumía de los colores verde y blanco, como los de los omeyas andaluces y musulmanes. Fue, pues, desde su génesis, una cofradía alegre, risueña, femenina, sensual. Nunca la mujer zamorana luce tan hermosa como cuando se cubre con mantilla y peineta al amanecer del Jueves Santo, uno de los jueves que brilla más que el sol, y las lleva, como si fueran diosas, hasta la Seo, a la hora en la que el sol ya se cansó de presidir el trono del firmamento.

No intente el espectador encontrar tristeza, melancolía, llanto en esta cofradía de hombres y mujeres, ataviados a la manera andaluza, tan propios del sur español, que podrían colocarlos en cualquier calle de Sevilla o Málaga y fundirse con el ambiente, el paisaje y el color de la tierra de María. Virgen de color andaluz que tiene de zamorana el rostro pálido, el del dolor y la pena.

No he olvidado que también desfilan en esta procesión hermanos de túnica, pero lo femenino es tan esencial en esta cofradía de la Virgen de la Esperanza que difumina el papel masculino. Lo siento. Pero la mañana del Jueves Santo sabe y huele a perfume de mujer, a mirada de dama, a sensibilidad de abuela, madre e hija. Zamora es una urbe femenina siempre, pero en esta mañana de la Pasión, en este Santo Jueves, se convierte en la ciudad de las diosas.

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