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OPINIóN

Desde el mirador: Ávila en la Modernidad

Actualizado 04/05/2016 07:05:25
Redacción

Artículo de opinión de Alberto R. Elcobarrutia

Hay en la catedralicia Calle de la Vida y la Muerte una placa que rememora la novela histórica que Enrique Larreta hizo discurrir en Ávila: La Gloria de Don Ramiro. Larreta, al igual que Rubén Darío, fue un modernista que halló en esta austera ciudad un aire de modernidad. ¿Modernidad?

Decía el lúcido arquitecto Fernando Chueca Goitia que una ciudad debía entenderse como un organismo vivo. Decía: una ciudad es, en esencia, pura Historia Viviente. Los modernistas supieron entender esto, y para Larreta Ávila fue como el abuelo que relata al niño su historia viviente. En un tiempo moderno en que las ciudades se teñían de gris industrial, se ensanchaban caóticamente y se congestionaban de turba y automóviles, Ávila con su ´torreada y bermeja muralla`, con sus ´almenas morunas`, con sus ´portadas enfáticas y señoriales` resultaba el perfecto contrapunto donde hallar el necesario refugio. Y así como el niño siente fascinación por las pretéritas historias de su abuelo, Ávila, para un hijo de los tiempos modernos, era una especie de anacronismo viviente que cautivaba el ánimo y encendía la imaginación.

Los modernistas vieron la virtud que conlleva lo viejo, que es, precisamente, el tener una vieja historia, y, Larreta, lejos de optar por la joven y moderna ciudad, hizo de la vieja Ávila, joven arte de la modernidad.

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