Ávila Noticias Noticias de Burgos El Espejo de León Carrión Aquí en Salamanca Noticias Segovia SoriaNoticias Pisuerga Noticias El día de Zamora
El Periodico de Castila y León - Diario digital de Castilla y León
“Algunos intelectuales se han consumido en los personajes que han creado y en su vanidad al opinar”

“Algunos intelectuales se han consumido en los personajes que han creado y en su vanidad al opinar”

CULTURA
Actualizado 05/05/2016 07:20

"Siempre ha habido figuras que no se resisten a hablar, incluso cuando no tienen nada que aportar"

César Brito

El sociólogo y director de investigación del Centro de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales (CEACS) de la Fundación Juan March, Ignacio Sánchez-Cuenca, ha publicado recientemente ´La desfachatez intelectual` (Catarata), una dura crítica contra muchas de las figuras más reconocibles de la intelectualidad española. Sitiados por las tertulias televisivas, los nombres de mayor calado corren el riesgo de diluirse y perecer fagocitados por el ímpetu de pertinaces y agresivos tertulianos, además de por sus propios errores. AQUÍ en Salamanca habla con el responsable de este breve pero certero disparo a la línea de flotación de personajes tan respetados y relevantes como Arturo Pérez-Reverte, Fernando Savater o Mario Vargas Llosa, por citar sólo algunos ejemplos.

Algún callo ha debido pisar con su libro. No deja indiferente, para bien o para mal

He hecho un esfuerzo importante por no ofender o utilizar expresiones ofensivas referidas a los autores, sino más bien a sus opiniones. Las opiniones las critico con dureza, pero no ofendo a quienes las emiten. He procurado huir del insulto y la descalificación personal. Con la publicación de ´La desfachatez intelectual` he notado que mucha gente opinaba lo mismo que yo expreso, aunque no había logrado darle forma a su pensamiento. El éxito del libro ?que se está vendiendo mucho? radica en que ha encontrado un caldo de cultivo muy favorable, porque mucha gente comparte las mismas inquietudes e insatisfacciones que se plasman en él, respecto a los intelectuales con mayor relevancia mediática.

¿Tiene el intelectual alguna responsabilidad pública? ¿Es necesaria su participación en la vida política y mediática del país?

El intelectual, por definición, tiene una vocación pública. Su cometido es dirigirse a la ciudadanía aportando ideas y argumentos sobre las grandes cuestiones que se ventilan en cada momento. ¿Tienen responsabilidad individual? Quizás tengan un plus de responsabilidad, porque se les otorga un cierto prestigio y reconocimiento, una buena reputación; se espera de ellos que vayan más allá de los tertulianos o los periodistas, pegados al día a día, a la coyuntura. Precisamente por ello es por lo que yo creo que hay que ser cuidadosos con la crítica: si dicen algo que no tenga sentido, que esté muy sesgado o que no tenga apoyo en la realidad y los datos, es necesario llamar la atención sobre ello y señalarlo.

¿Vivimos en un país de todólogos?

Siempre ha habido figuras que no se resisten a hablar, incluso cuando no tienen nada que aportar. Lo que ocurre es que el todólogo intelectual es un poco diferente del todólogo tertuliano. Éste último es aquel al que le sacan un tema detrás de otro y se ve obligado a decir algo. Pasa de las tensiones dentro de Podemos a la crisis de los refugiados, las primarias en Estados Unidos, la crisis japonesa y a lo que sea. Nada le frena, es el papel que desempeña.

"Cuando uno ve una tertulia sabe a lo que se expone, pero cuando lee a un intelectual espera otra cosa"

En el terreno de los intelectuales me parece que la cosa es distinta. La intervención pública responde a una mayor preparación, en principio debería ser así. El intelectual ha reflexionado, se ha informado sobre la cuestión, hace su síntesis o reflexión personal y lo lanza a la esfera pública en forma de artículo, libro, conferencia etc. Los intelectuales en España ?sobre todo los que tienen mayor prestigio social? este trabajo no lo hacen. Actúan con la misma inmediatez y espontaneidad que un tertuliano. Y eso sí es preocupante; cuando uno ve una tertulia sabe a lo que se expone pero cuando lee a un intelectual espera otra cosa y, si lo que éste ofrece no es un producto elaborado, sino una ocurrencia espontánea, es que algo está fallando.

A los periodistas también nos toca algún tirón de orejas. ¿Cuál es nuestra responsabilidad? ¿Fichar plantillas de tertulianos fijos, como estrellas de fútbol?

El problema es que el intelectual termina contagiándose del estilo del tertuliano, por lo que termina bajando mucho su nivel de auto exigencia. No se trata de una responsabilidad de un periodista o del periodismo, en general, sino de los directivos de los medios de comunicación, que no saben romper con ese modelo, no piden cuentas cuando estos tertulianos e intelectuales dicen burradas, tanto en la forma como en el fondo. Hay una responsabilidad muy clara de quien permite que este modelo, que yo creo que no es bueno para el debate público, continúe. Dan mucha cancha a personas que tienen una determinada marca personal, todo el mundo puede anticipar por dónde van a ir los tiros antes de escucharles. No tiene mucho sentido, porque es muy difícil que estos personajes puedan aportar cosas originales sobre tantos temas distintos. Por no decir imposible.

¿Carecemos de referentes intelectuales? No existe un grupo de cinco o seis asideros intelectuales de diferentes ramas del conocimiento, como a principios del S. XX, por ejemplo

Estoy de acuerdo con el diagnóstico, pero probablemente lo valoremos distinto. No es malo que no haya unos determinados intelectuales de referencia. Debemos aspirar a tener un debate público más plural, donde haya muchas más voces. Voces de gente preparada, claro, pero que no estemos siempre pendientes de lo que tenga que decir Mario Vargas Llosa o Antonio Muñoz Molina sobre algo. Que cuando surja determinado tema de discusión, aquellos que más sepan sobre él encuentren de manera natural la forma de opinar y compartir sus ideas con el resto. Creo que es mejor que no haya referentes centrales, sino que haya pluralidad de voces y rotación, que no opinen siempre los mismos y que los medios de comunicación y editoriales puedan recurrir a una lista amplia de gente.

¿Es el intelectual, escritor o tertuliano de oficio ególatra por naturaleza?

(Risas) Siempre existe un punto de egolatría cuando uno considera que sus escritos merecen ser publicados, porque supones que tienes más que ofrecer que el resto de ciudadanos, que no tienen esa oportunidad. Es inevitable que exista un punto de vanidad o egolatría, la cuestión está en dominarlo. En el libro argumento que algunos intelectuales se han consumido un poco en los personajes que han creado y en su vanidad al opinar, buscando más el reconocimiento del público que aportando una idea rigurosa.

"Tienen que existir filtros ejercidos por parte de los directivos de los medios y por el público"

No se puede eliminar esa egolatría, pero hay que tratar de controlarla. A veces uno mismo no puede y, cuando sucede eso, tienen que existir filtros en la esfera pública ejercidos, por una parte, por los directivos de los medios y, por otra parte, por el público que debe ejercitar cierto control y no prestar atención a aquellos que, consumidos por su vanidad, se dedican a decir cosas que no tienen sentido.

¿Está preparado, en líneas generales, el público español para afear la conducta de los intelectuales irresponsables?

Soy optimista al respecto. Por ejemplo, el episodio de Félix de Azúa, insultando de forma tan grosera y tan clasista a Ada Colau. No son muy diferentes de otros insultos que han salido de su boca y su pluma en los últimos años. Sin embargo, en esta ocasión ha habido un movimiento muy amplio de repulsa e indignación por sus palabras. Eso antes no se veía. El hecho de que eso suceda es un motivo de esperanza, porque el público está más atento, perdona menos y pide cuentas cuando a un intelectual se le cede el espacio público y lo malgasta diciendo ese tipo de cosas. El público es más crítico, menos acomodaticio.

¿Por qué cuesta tanto afirmar sin vergüenza que no se sabe de un tema como para emitir una opinión?

En el libro trato de caracterizarlo a través de un concepto del sociólogo italiano Diego Gambetta: el ´Machismo discursivo´. El machista discursivo envuelve una idea, por ligera o absurda que sea, en un lenguaje muy prepotente y tajante. Cuando uno incurre en estas prácticas, perdonando la vida a quien no comparte las opiniones, cualquier concesión o admisión de un error, cualquier laguna se ve como una falla total. Va todo dentro de un paquete, por un lado expresándote de forma tajante, despreciando a quien no piensa como tú y, a la vez, no reconociendo jamás que te has equivocado o que no sabes de algo.

"Nuestros intelectuales prestan demasiada atención al problema nacionalista, dejando de lado otros que son tan o más importantes que este"

¿Tiene España, de verdad, algún problema con el nacionalismo?

Sí, desde hace mucho tiempo. Tiene un problema de tensiones entre centro y periferia. No creo que sea el principal problema del país, sobre todo cuando ha desaparecido la violencia política; tampoco creo que sea el único problema, sino uno más junto con muchos otros. Nuestros intelectuales prestan demasiada atención al problema nacionalista, dejando de lado otros que son tan o más importantes que este.

¿Y con el terrorismo?

No. Creo que es un problema totalmente superado ya. Quedan los flecos de lo que fue el conflicto protagonizado por ETA, porque no ha habido una entrega de armamento, quedan muchos presos, etc. pero creo que es un asunto superado.

Lo pregunto porque recientemente han entrevistado a Arnaldo Otegui en televisión. Las reacciones a esa entrevista ¿pueden tener que ver con la ´moralización` del terrorismo de la que habla en su libro?

Las reacciones han sido demasiado viscerales y, a mi juicio, incomprensibles. No entiendo que todavía provoque esas reacciones la presencia de Otegui en un programa de televisión. Además una entrevista que fue extraordinaria por parte de Jordi Évole, creo. Hizo preguntas muy atinadas en un tono tranquilo, que pusieron a Otegui en aprietos en más de una ocasión, ante testimonios de algunas víctimas del terrorismo admirables, como la hija de Buesa, que hizo unas manifestaciones magníficas.

Debería ser normal en un país democrático. Las heridas del terrorismo aún son profundas y hay gente que está todavía muy recalentada con este asunto y lo interpreta en términos de enfrentamiento de absolutos. Más que por la cercanía histórica lo atribuyo a esa moralización que citabas, que provoca reacciones muy intransigentes por parte de la gente.

Dice usted que, una vez consagrados, algunos intelectuales son inamovibles de ´su silla`, por muy arbitrarias o absurdas que sean sus afirmaciones. ¿Esta situación puede cambiar para mejor?

Creo que sí. Estos intelectuales, como han estado monopolizando los espacios públicos durante tantos años, han demostrado que tenían poco que aportar en cuestiones que interesaban al país, que tenían que ver con la crisis y sus consecuencias: la desigualdad, la emigración de los jóvenes que no encuentran trabajo, los desahucios, la precariedad del mercado laboral, etc. En todos estos asuntos no han tenido mucho que decir, o mejor dicho nada. Y eso se nota.

"Se dan las condiciones para que tengamos un debate público de mayor calidad del que tenemos en estos momentos"

Se ha notado una desconexión entre las generaciones más jóvenes y ese tipo de intelectuales, algo que se traducirá en una menor presencia de estos y un aumento del pluralismo, mayor protagonismo de nuevas voces. También contribuye mucho la fragmentación de los medios de comunicación. Ahora hay mucha gente poco conocida capaz de ofrecer análisis más profundos y mejor argumentados que los de intelectuales famosos. Se dan las condiciones para que tengamos un debate público de mayor calidad del que tenemos en estos momentos.

Esta web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio. Al navegar o utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de ellas. Puedes cambiar la configuración de 'cookies' en cualquier momento.

AceptoMás información