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CASTILLA Y LEóN

Peculiaridades de las gentes castellanas (II): El luto

M_Soledad_Martin_Turino_Agro_Castellano
Actualizado 18/09/2017 12:16:31
Redacción

María Soledad Martín Turiño aborda en 'Agro Castellano' el relato de una trilogía sobre las pecularidades del medio rural. Esta es la segunda parte, en la que se habla del luto.

Bercianos de Aliste, 1971./ Foto: Rafael Sanz Lobato.

Bercianos de Aliste, 1971./ Foto: Rafael Sanz Lobato.

Mi pueblo, como cualquier pueblo de Castilla, ha estado muy apegado a las tradiciones, y el luto ha sido una de las más arraigadas. Cuando una casa había perdido un ser querido, la vida se formulaba hacia el interior. Los hombres dejaban de ir al bar, se acababan los paseos o salidas y la única excepción era ir a misa, que solía ser la primera, la de hora más temprana por ser la menos frecuentada.

En las mujeres el luto se exteriorizaba de una forma mucho más severa que en los hombres. Estos solo llevaban una reseña identificativa en la ropa: un botón negro en la solapa de la chaqueta o un brazalete de tela negra en una manga durante un tiempo. Obviamente estos símbolos no constituían gran sacrificio, ya que eran ligeros y poco reseñables; sin embargo las mujeres tanto en verano como en invierno llevaban manga larga, medias negras y la cabeza cubierta, ya fuera con un liviano velo, con una tupida gasa o con un pañuelo. No dejaré de recalcar la severidad de los veranos castellanos, donde el termómetro alcanza unas temperaturas muy altas, y la incomodidad de estas mujeres inexorablemente así ataviadas.

En ocasiones y dependiendo del grado de parentesco del finado, los duelos duraban uno o dos años, y no era excepcional quien enlazaba un duelo con otro, ni tampoco ver a mujeres que ya se resignaban a vestir de negro de por vida por haber perdido a un hijo, sacrificando su atuendo para siempre.

Pero el luto, además de la manifestación externa descrita, tenía también otras connotaciones que incidían en la vida de las mujeres de manera particular. Si alguna tenía novio, reducía sus paseos o salidas a pequeños tramos por los alrededores de su casa, procuraba no ser vista, caminaba por calles poco transitadas, se abstenía de conversar con la gente, cerraba sus ventanas como símbolo de duelo (incluso en tiempos pasados, tengo constancia de que se cubrían los espejos para mostrar y demostrar aún mayor dolor). Las relaciones sociales disminuían hasta casi desaparecer y únicamente se mantenía el mínimo trato -casi siempre reducido al ámbito familiar- que las circunstancias naturales permitían.

Por supuesto era normal que en celebraciones como bodas, bautizos etc. que eran los actos sociales más comunes en un pueblo, no asistiera la persona que estaba de luto. La señal de que el duelo finalizaba se hacía de forma progresiva. La mujer pasaba de vestir de "luto riguroso" a vestir de "alivio"; esto es, empezar a utilizar tímidas prendas de color: morados, grises, blancos... que poco a poco iban combinando con otros para dejar atrás definitivamente el color negro en la ropa.

Con la terminación del periodo de luto se finalizaba también el encierro y se volvía a ver a la mujer por el pueblo como lo había hecho antes. Me acuerdo de más de un caso de jóvenes que frustraron sus matrimonios a causa de lutos casi perpetuos y se condenaron a ser solteras, en muchas ocasiones dedicadas al cuidado exclusivo de padres o hermanos y encerradas en una resignada soledad. Cuando pienso en esas mujeres que lo dieron todo a cambio de nada, no dejo de experimentar una rabiosa irritación por no haberse rebelado, porque sabían que nadie se acordaría de ellas y porque ese enorme sacrificio las obligaba a una existencia entregada y sin valor.

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